30.6.11

Navidad

19 de diciembre de 2010.

Mira que viene Navidad y tú no estás.
¿Te acuerdas que los primeros años que cambié de residencia siempre nos hablábamos por estas fechas? Ya después se inventaron los teléfonos móviles, y entonces unos mensajitos
bastaban. Es increíble cómo permitimos que la tecnología nos vuelva más flojos. Hubiera dado mucho por desearte felices fiestas este año.
Viene Navidad, mujer, y yo no sé qué tal te la estés pasando allá arriba.
Quizá también están corriendo de un lado a otro para alguna razón, aunque no creo que el cielo esté plagado de consumismo exasperante.
¿Hay algo menos cristiano que empujar al de adelante porque tienes prisa de envolver tus regalos? Hoy vi como el conductor de un auto conscientemente se metía en contra del
sentido de la vialidad, manejando como un verdadero cavernícola -sin nociones de la rueda- arriesgando a otros vehículos y peatones, sólo por agandallar un lugar para estacionarse. Dudo mucho que los ángeles se peleen las mejores nubes.
Viene Navidad y yo no le encuentro mucho sentido a emborracharse en nombre de Dios o de quién sea. Pocas veces he necesitado pretextos para hacer lo que quiero, tú bien
sabes. Y tampoco tengo las más mínimas ganas de caer en la hipocresía de decir que seré buena este año, estoy convencida que aunque me esfuerce, no seré buena nunca. Padezco de ser humana y poco puedo  hacer contra eso. Además, mis demonios me dan bastante trabajo como para ocuparme maliciosamente del resto de la gente. No voy por ahí fingiendo una simpatía que no siento, ni tampoco tengo por qué soportar las presunciones de aquellos que creen saberlo todo. Yo muy apenas se usar el alfabeto y leer en consecuencia. Algo sé de escribir y te escribo a ti, para que me escuches y me salves,
porque viene Navidad y tú no vas a estar. No vas a estar ni para mí, ni para tus padres, ni para tu hermana… 
Viene Navidad y no vas a estar para ellos. 
Más bien, viene Navidad y no te vamos a ver, porque de estar, siempre estás.
Y desde dónde estés, envía por favor consuelo a los tuyos. Baja si puedes a comer algo de pan de caja. Tápale los pies a tu madre. Descánsale los lentes a tu padre. Cuida el sueño de tu hermana o acompáñale su insomnio, como prefieras. Sé buena -tú siempre has
tenido el corazón de una mujer buena- y haz algo de eso.
Y ya que andas por acá, acompañando a Santa, a los Reyes, al Niño Jesús, o a quien su mercé se digne acompañar, quédate un poco conmigo. Siempre que nos despedíamos me
decías: “¡Con juicio!”. Admonición que recordabas de tu sacrosanta y que me repetías cada vez que podías. Yo debia entonces actuar con juicio, aunque las dos sabemos que casi
nunca pude. Se me cae el mundo. Quédate conmigo y explícame de algún modo -¡del que quieras!- que estar aquí, en esta ciudad donde abundan las balas y los coches, donde matan a activistas y liberan a  asesinos, donde ser lambiscón es mejor que ser honrado, dime que
vale la pena, que tiene algún sentido quedarse, aferrarse, luchar... vivir.
Dile a Dios que gracias por todo lo bueno. Feliz Navidad para ti. Te quiero.

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