30.6.11

Domingo

16 de enero de 2011.
 
Hoy intento no ser queja pero me rompo, hermanita.
Mi adoptiva Monterrey y tu augusta Xalapa intercambiaron escenarios: amanecimos con llovizna, frío y neblina… a ti te tocaron los muertos. ¿Tú los ves, mujer? Dime si puedes ver como llegan las almas hasta Dios.
 
Domingo. Día del Señor. Día de Playoffs.
Yo confieso, ante el que pudiera toparse con estas letras, que he pecado mucho de fanatismo y afición. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa, que he sido capaz de dedicar mi tiempo a ver tres partidos seguidos de futbol americano. Que no conforme con eso, he analizado el Primetime de Deion Sanders y los blog en ESPN -eso sí, las únicas transmisiones en español que aplaudo son las de los VonRossum- Reconozco que he llorado de emoción y alegría ante el triunfo de mi equipo, aunque también he dejado que el gigante negro de la ira se apodere de mí ante una derrota. Peor todavía: me he alegrado inmensamente de la derrota de mis líderes de división y el monstruo verde de la envidia me corroe ante sus triunfos. Mis pecados son muchos. En mi defensa alegaré que reconozco siempre el error y  admiro que prevalezca el respeto, porque más allá de los colores, está
siempre la esencia del juego. Soy devota del juego limpio, pero duro. He llegado hasta aquí, hasta este domingo de playoffs, con los nervios de punta y el estómago en un nudo. Que los cebras salgan iluminados, mi quarterback inspirado y mi defensiva impía. Tres victorias más y estaré en el cielo. Gracias. -

Sé que nunca comprendiste mi pasión por el futbol americano, así y todo, la compartiste conmigo. ¿Recuerdas cuando nos vimos en la Ciudad de México? Mientras las edecanes nos cercaban, tú vestías un sombrero inmenso -o algo así- y yo unos cuernos -o algo asá- cortesías de las botargas que animaban el partido en ese restaurante. Podría llenar  todo este periódico de argumentos a favor de este deporte, pero no es el caso pontificar.  Puedes reírte si quieres pero esos partidos me regalan un poco de esperanza. 
Voltea a ver el mundo alrededor. Ahora concéntrate en esos cuatro cuartos que dura un partido de futbol americano. ¿Qué ves? Yo veo a profesionales que tienen una estrategia y la van adaptando conforme se enfrentan a la adversidad. Y se esfuerzan. Todo esto bajo el vigilante ojo de un cuerpo colegiado con ética, pero sobre todo, con oportunidad de apelación. Súmale la intensidad y multiplícalo por talento. Si nuestros políticos funcionaran así, México sería primermundista, y yo tendría más esperanza, hermanita. Por eso necesitamos más futbol americano. Para que ganen más veces los buenos y menos los malos. Para que tengamo un poquito más de fe en que los esfuerzos -de cualquier tipo- no son en vano. Nada es perfecto, pero mira que esta realidad nuestra ya no es imperfecta sino surrealista.  
Ah, y no se te ocurra compararme con un aficionado del panbol, por favor. Yo sí soy capaz de reconocer cuando mi equipo se equivocó, es cuestión de deporte, verás en el soccer abunda la corrupción, por algo es del deporte nacional. 

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