26 de diciembre de 2020.
“Estoy cansado de buscar, algun lugar encontrare, estoy malherido, estuve sin saber que hacer, en algun lugar..." Andrés Calamaro
A veces me maravilla la manera en que los seres humanos somos presa fácil de nuestra propia concepción del tiempo. Cada cumpleaños, cada fin de año, de trienio o de milenio, es un pretexto para reflexionar. ¡Bah! Tan barato no puede salir, de verdad.
Por eso la lista de Propósitos de Año Nuevo se parece mucho a las promesas de campaña de los políticos: se repiten una y otra vez, con nulos resultados. No conozco a nadie que a
mitad de febrero recuerde qué fue lo que reflexionó mes y medio antes. Sin embargo aquí estamos todos en los últimos día de diciembre, haciendo un balance de ganancias y pérdidas mientras nos preocupamos por nuestra vida ingiriendo grandes cantidades
de comida y quejándonos porque hemos aumentado de peso (rara especie que somos, insisto).
En lo personal este año casi quedé en quiebra, mujer. Este año, te perdimos de planeta. Sé que ya encontraste un lugar dónde estar más cómoda que aquí y supongo que esa creencia nos tranquiliza a todos, aunque igual no te resucita.
No he dejado de recordar que pasaste estas fecha en compañía de mi familia materna -de toda ellahace ya unos años. No cualquiera está invitado a pasar el Año Nuevo con nosotros y tú lo sabías. Estuviste contenta de estar entre media centena de gentes, unidos por el apellido y memorias en común. Mi familia más cercana estaba contenta de tu presencia,
porque eras y eres parte de nosotros. Y ahora, pues... ahora no estás.
Me es difícil hacer un resumen anual más allá de tu partida, hermanita. Es increíble como las cosas que de repente parecen importantísimas se estrellan ante la impotencia de algo
como la muerte. Eso sí que es irreversible.
Y me deja muda, impotente, inútil, inmóvil, perpleja. De repente, todo se acomodó de diferente manera y ya pocas cosas son relevantes; el resto tiene su medida y peso justos.
Eso es parte de tu herencia, mija, que nos dejaste a muchos. Ahora no dejamos pasar más tiempo en tomar el teléfono y hacer esa llamada para saber cómo están. Utilizamos la tecnología para acercarnos y no para evadirnos. Tenemos muy presente que los momentos son los que cuentan, quizá porque lamentamos tanto no haber pasado más tiempo contigo,
aunque supongo que nunca sería suficiente.
En fin, mujer, que ya encontraste un lugar para la paz. ¿Si tienes suficiente la compartirías por favor? Hace falta mucho de eso aquí abajo.
Sigo sin entender el mundo, pero quizá -solo quizá- estoy dispuesta a vivirlo sin quejarme tanto (Favor de notar el tanto, no quiero reproches de tu parte).
Un último apunte: tengo ciertas reticencias sobre la música y letra de tu Andrés Calamaro. Me hubiera gustado discutirlas contigo, ahora sólo me queda este soliloquio. Lo
prepararé bien para después. Te mando muchos abrazos. No bebas mucha lluvia ácida en Nochevieja. Te queremos todos, salud.
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