30.6.11

De pozas y pozos

23 de enero de 2011.


En ciertas ocasiones, hermanita, te topas de frente con Dios.
La mañana del miércoles me quede extasiada ante la belleza de la Poza Azul, ubicada en Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila. Te llevé a conocer ese lugar, ¿recuerdas? 
Pobre pueblito el mío, porque aún y cuando figura en el antiquísimo Corrido de Coahuila (en ese entonces sí que había uvas) y con todo y que es una reserva natural, lugar único en el mundo y bla bla bla, el ser humano pasó a tan segundo plano que no me extrañaría que una legión de lechuguillas comandadas por una gobernadora se apoderaran del pueblo y  expulsaran a los habitantes.
Reconozco la importancia de conservar un hábitat único en el mundo y soy la primera persona en levantar la mano a favor de la preservación, sin embargo, es completamente absurdo que priven los intereses privados de algunos políticos e investigadores sobre el bien público. Los cieneguenses han tenido que dejar atrás su pueblo porque, en primera instancia, les cerraron fuentes de trabajo pretextando la preservación del agua; sin embargo, el filo no corta parejo porque compañías nacionales vaya que extraen agua de los alrededores del pueblo mientras que los habitantes deben bañarse antes de las ocho de la noche, hora del corte del vital líquido. 
En segunda instancia,  les fregaron el turismo. Oscuros motivos bloquean la apertura de La Poza de la Becerra y Las Playitas. Es increíble pensar que funcionarios públicos -estatales y federales- desconocen el concepto de sustentabilidad. Bien podrían organizaciones no gubernamentales hacerse cargo de la vigilancia y promoción de esos lugares, a la vez que atraen turismo y por tanto, trabajo a los lugareños. Los rumores no cesan: que si Carlos Slim o los Zambrano ya compraron ejidos para desarrollar un exclusivo resort que dejaría a todos
mirando las bellezas naturales desde lejos, que es una pugna de poder entre el Estado y la Federación...
Yo sólo sé que los cieneguenses, que tanto aman a su tierra, son tratados como si no importaran. Y sí importan, sólo que al gobierno no. 

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