30.6.11

Iniciando este 2011


2 de enero de 2011.
 
¿Te cuento algo, hermanita?
Muero por ella. 
Y no debería, tú sabes que no debería, pero por Dios que mi sangre salta al verla. No en
un sentido literal, por supuesto, pero más allá del hipotálamo que me reduce a un simple mortal -porque soy Belphegor, recuerda- he de admitir que al ver su sonrisa de
duende retrocedo una decena de años y vuelvo a sentir murciélagos en la boca del estómago. Murciélagos que morirán de inanición porque no me atrevo a acercarme lo suficiente para morderle el cuello -ni ninguna otra parte de su largo y blanco y
seguramente delicioso cuerpo-. Quizá algún día ella voltee y observe detenidamente el lunar que se me escurre de la boca. Entonces seremos dos.
Mientras tanto, vuelvo a mis asuntos  terrenales.
Hablábamos antes de Calamaro, Andrés. Ya tu hermana me había advertido que Javier era tu nuevo amor, pero a él lo dejaremos en paz hoy. Volviendo al otro: su música es
aceptablemente buena sin ser excepcional: clásicos riffs de guitarra, el rocanrol básico de herencia estadounidense. Nada experimental, nada propositivo, nada vanguardista. Vaya,
nada fuera de serie, bueno a secas. Sus letras… mira, mujer, que alguna de sus letras llegan a parecerme realmente buenas, más allá de lo digno. Sin embargo sus repeticiones llegan a
cansarme. Además, ya está bastante grandecito como para ufanarse de sus borracheras, ¿no crees? (aunque ahora que lo pienso, la mayoría de la gente que conozco sigue presumiendo
sus parrandas; yo prefiero vivirlas y por lo general, evito contarlas) Y para rematar: el tipo es un aficionado a los toros y un tuitero egocéntrico. Resumiendo: el tipo si me gusta, pero
en ciertas dosis. He disfrutado sus conciertos pero no me han hecho delirar. Yo espero que hayas disfrutado tu momento, vi tu fotografìa sonriendo. Esa es una de las imágenes
que me cobijan cuando -como ahora hablo contigo.
Dejando atrás a tu amado Calamaro, mira que ya empezó el dos mil once. Es hora de que los mexicanos hagan interminables filas afuera de las casas de empeño, mientras se consuelan diciéndole al de al lado: “¿lo bailado quién nos lo quita?”. Supongo que nunca se les ha ocurrido organizarse de diferente manera y posponer el baile para evitar
gastar dinero que no se tiene. Pero bueno, cada quién vive como mejor puede, o como mejor sabe.
Lo que yo sé es que he decidido disfrutar más la vida y quejarme menos, sobre todo de lo que no puedo cambiar. Debí hacer caso a esa vieja oración hace mucho. Veré menos noticias. El mundo sigue girando me entere o no del cinismo de nuestros funcionarios públicos. No quiero hacer corajes en vano. Viajaré más y compraré menos. Vaciaré la veintena de cajas que tengo y si se puede, la memoria también. No hace bien guardar rencor, aunque no me llegó el instructivo para resetear la memoria.
En fin, que ya es dos mil once y tengo planes de vivir este año de manera memorable. Acompañada de ti, hermanita. Sonríe desde arriba y brinda conmigo.

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