12 de diciembre de 2010.
Anoche soñé contigo.
No lo tengo muy claro -como todo en mi vida ahora- pero sé que había mucha paz en la que supuestamente era tu casa. Traías un suéter morado y el cabello suelto. Estabas frente a míy hablábamos sobre tu muerte.
No lo tengo muy claro -como todo en mi vida ahora- pero sé que había mucha paz en la que supuestamente era tu casa. Traías un suéter morado y el cabello suelto. Estabas frente a míy hablábamos sobre tu muerte.
Había más gente haciendo cosas propias de un velorio, pero tú y yo platicábamos. Reías de lo más tranquila y feliz, diciéndome algo de la conjugación de un verbo. Yo sentía mucha tristeza, infinita; pero también una tranquilidad casi anestésica.
Ya sé que en estos momentos me preguntarás si te rodeaba un aura extraña o exhalabas vaho tétrico. Búrlate si quieres, no había nada tenebroso en tu figura. De repente, veía a tu hermana y a tu madre, ocupadas en la cocina. Tristes. Aunque no sé si tanto como lo están ahora.
¿Sabes que a veces me siento muy egoísta por dolerme por ti? Es que a veces pienso en el dolor de tus padres, de tu hermana, y me siento tan avergonzada de ser débil. Si yo, que te quiero desde hace tantos años, tengo un hueco inmenso, ¿qué será de ellos, que tienen ahora un corazón en el hueco? Confío en que pronto puedan respirar sin sentir que se parten en dos por tu ausencia. No dejo de estar al pendiente de ellos, aunque para fines prácticos, de poco o nada sirve eso.
No dejo de pensarte. Y bueno, le prometí a tu madre que rezaría por ti así que ahora por tu culpa no huyo de los rosarios de mi familia, ya sabes que ahí abundan: “...ruega por ella y por nosotros los pecadores...” Huelga decir que ocupas el lugar de la tercera persona en singular. Y como realmente no sé qué tanta influencia tenga yo para eso y porque más vale prevenir que mal rezar, puse a mi abuelita y a mi dulce progenitora a orar en tu nombre, ellas sin duda son escuchadas. Así que por rezos no paras, mija, aunque dudo que los necesites. Las almas buenas como tú están ahorita colgadas de una nube.
Y mientras le discutes a San Pedro el por qué las aureolas no van en distintos colores que combinen con unas alas decorativas -los ángeles no llevan zapatos ni bolsa, así que no tendrás que preocuparte más por eso- te cuento que aquí en este mi pedacito rentado de tierra las cosas no están muy bien que digamos.
El hecho de perderte me hizo poner muchas cosas en perspectiva.
El hecho de perderte me hizo poner muchas cosas en perspectiva.
Hay cosas que antes eran inmensamente importantes y hoy ni siquiera figuran. Sin embargo, tomar decisiones no es fácil y llevarlas a cabo es más difícil aun. Es increíble como los seres humanos lo complicamos todo, ¿no? Tengo miedo de hacer las cosas por las razones equivocadas y por otra parte no puedo seguir en este lamentable estado de soledad acompañada. ¿Hay acaso algo más triste que eso en una vida de pareja?
En fin, mi estimada, debo dejarte ya. Se me acorta el espacio, pero nunca el cariño. Te extraño mucho. Sé que llegaste a enfrentarte con la impotencia, así que no necesito explicarte cómo se siente no poder hacer nada por escuchar tu voz nuevamente. No debiste morir, mija. Pero ¿quién soy yo para ponerme a pelear al respecto?
Desde la nube que cuelgas, cuídanos a todos, que todos necesitamos tanto de ti. Se viene Navidad. Precisamos un milagro más. Te lo dejo de tarea.
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