6 de febrero de 2011.
¿Recuerdas esa clase de tercer año? Tu madre -quien en ese salón de clases aparentaba no serlo- se convertía en la maestra y nos enseñaba a multiplicar “de dos” y a dividir “de uno”. Ah, pero la clase favorita -al menos, para ti y para mi era sociales, porque a la hora en que
la profe tomaba ese libro -“El príncipe azteca”- todo bullicio desaparecía y en su lugar veíamos con la imaginación pirámides, templos, mercados...
En una ocasión todos decidimos perdernos el recreo con tal de seguir escuchando la historia. Tú sabes bien, hermanita, que antes que ninguna otra cultura prefiero
la mía. El bronce de mi piel - bronce despintado, según tus daltónicos ojos- siempre ha procurado tostarse ante nuestro Huitzilopochtli que ante cualquier Sol Forastero. No niego la belleza del resto del mundo, arrullada como fui con Gardel, extasiada ante la majestuosidad de África, encantada por la comida del mediterráneo, podría seguir y seguiría. Prefiero, insisto, tatuarme a mis dioses que a los otros y todavía me arrepiento de no saber náhuatl y sí inglés. Sin embargo debo hacerte una confesión: regresé al Kendo.
Lo practicaba hace cosa de siete años, más o menos. No recuerdo bien por qué deje de cargar mis armas, lo que me queda claro es que necesito imperiosamente, con carácter de urgente, tres cosas: disciplina, calma y retos. Andar por el Camino de la Espada siempre dominó mis pies, serenó mi mente y probó mi paciencia, entonces, como ves, no es mala idea.
Te contaré algo por lo que me interesa muchísimo el tema. He aquí dos de las siete virtudes del Bushido: “Rei - Respeto. Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros”.
Para alguien con mis neurosis, encontrar una cultura que honra el respeto en lugar de aplaudir al gandalla, mira que es como un tanque de oxígeno. Y me recuerda que, ante la descortesía, debo actuar, no reaccionar, para no volverme como ellos.
Finalmente: “Meiyo - Honor. El auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo”. Eso es verdad. Y a muchas peronas se les olvida. Trato de que mis pensamientos y mis acciones sean tales y concuerden de tal forma que no tema mostrarme como soy, ni ante mi, ni ante nadie.
Tengo mucho trabajo por delante, hermanita. Pero al menos ya empecé desentumir el cuerpo y la mente. Ah, claro, no puedo negarlo: me encanta tirar madrazos, aunque eso no es para nada algo que un samurái diría. Te quiero mucho, hermanita. A veces no dejo de preguntarme si de verdad me lees o solamente me engaño, como todos los que llevan flores a los panteones.
Soy Belphegor, el demonio que inventa, que seduce. Dicen que soy más fuerte en abril. Según la Historia, Lucifer me envió a la Tierra a verificar si existía tal cosa como la felicidad conyugal... le dije que era un mito. Eso sí: perezosa no soy, misántropa puede que...
30.6.11
Sí hay camino
Quizá
30 de enero de 2011.
“Ciertas pasiones no tienen más remedio que la fuga...” D. Jaime Baldes.
Hace ya algunos años, llegué a Monterrey recién importada del paraíso jarocho. La mudanza fue tan en contra de mi voluntad y el aterrizaje tan poco planeado que me vi en un curso sin compañeros que pudieran hacer menos amargo el trago de dejar amigos y amores
atrás. Me refugié entonces en la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, anestesiando la nostalgia leyendo libros de uno y otro tema.
Un día, por mera curiosidad, tomé un pequeño y regordete libro que contenía algunas máximas; el autor era D. Jaime Baldes y una de sus frases inspiró mi primer intento de poema. No podía quitarme de la cabeza que “Ciertas pasiones no tienen más remedio que la fuga...” Y hermanita aquí estoy, dándome cuenta que no he evolucionado nada desde entonces. Porque los años pasan y sigo cojeando de la misma pata.
Me preguntaron ayer si beber o fumar se contaban entre mis vicios... yo respondí que mis vicios no eran tan baratos. El precio de una pasión -prohibida o no- siempre, siempre es alto: la piel hecha jirones; el alma, garras; la cordura en huelga. Sin olvidar que hay que ser pragmáticos y una pasión se complica si tratan de quitarte la casa, los hijos y el perro. Pero aquí estoy otra vez, con mi mente inválida, incapaz de concentrarme en otra cosa que no sea su sonrisa y las líneas de su rostro que terminan en constelación. Me doy cuenta que estoy grave porque las asociaciones empiezan a traicionarme: todo va con la letra de su nombre, todo huele a sándalo y hasta el sándalo huele a ella, con el humo de su cigarro incluído y las notas de su pelo.
Mi cuerpo, este que aprendí a controlar, del que me jacto de gobernar, se está rebelando ante la ausencia de caricias, pero no acepto ninguna que no provenga de sus manos, largas, flacas y así, tan suaves, tan deseadas.
Tiene sus issues, lo sé. Mira que no es perfecta, hermanita, lo sé bien. Tapa el pozo de su soledad con tanta gente que a veces termina ahogada también. Es mudable, caprichosa y vana, como escribiría Bécquer, y sin embargo, ¡es tan hermosa! No sólo porque su cuerpo podría ser un desierto en el cual podría saciar mi sed o bien, una selva en la cual perderme para aprender el lenguaje nativo de sus sinuoso caminos; es hermosa porque es suficiente mujer.
Su corazón es grande, bondadoso; traqueteado y desconfiando, sí, pero ¿quién está indemne después del parto? Aún así, su alma es buena, su espíritu es libre... aunque no tan libre para voltear a ver que me pierdo en ella.
Con todo, no me doy a la fuga.
Quizá esta vez, aunque nunca la sostenga entre mis rodillas ni le bese el hombro derecho antes de dormir de lado, quizá esta pasión que me desborda, letal y todo, sea lo más válido para sentir en estos momentos. No hablo de que la esperanza sea lo último que muere -si hablamos de morir, pido sus brazos-, hablo de la delicia de saborear su nombre...quizá ella diga el mío, quizá.
“Ciertas pasiones no tienen más remedio que la fuga...” D. Jaime Baldes.
Hace ya algunos años, llegué a Monterrey recién importada del paraíso jarocho. La mudanza fue tan en contra de mi voluntad y el aterrizaje tan poco planeado que me vi en un curso sin compañeros que pudieran hacer menos amargo el trago de dejar amigos y amores
atrás. Me refugié entonces en la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, anestesiando la nostalgia leyendo libros de uno y otro tema.
Un día, por mera curiosidad, tomé un pequeño y regordete libro que contenía algunas máximas; el autor era D. Jaime Baldes y una de sus frases inspiró mi primer intento de poema. No podía quitarme de la cabeza que “Ciertas pasiones no tienen más remedio que la fuga...” Y hermanita aquí estoy, dándome cuenta que no he evolucionado nada desde entonces. Porque los años pasan y sigo cojeando de la misma pata.
Me preguntaron ayer si beber o fumar se contaban entre mis vicios... yo respondí que mis vicios no eran tan baratos. El precio de una pasión -prohibida o no- siempre, siempre es alto: la piel hecha jirones; el alma, garras; la cordura en huelga. Sin olvidar que hay que ser pragmáticos y una pasión se complica si tratan de quitarte la casa, los hijos y el perro. Pero aquí estoy otra vez, con mi mente inválida, incapaz de concentrarme en otra cosa que no sea su sonrisa y las líneas de su rostro que terminan en constelación. Me doy cuenta que estoy grave porque las asociaciones empiezan a traicionarme: todo va con la letra de su nombre, todo huele a sándalo y hasta el sándalo huele a ella, con el humo de su cigarro incluído y las notas de su pelo.
Mi cuerpo, este que aprendí a controlar, del que me jacto de gobernar, se está rebelando ante la ausencia de caricias, pero no acepto ninguna que no provenga de sus manos, largas, flacas y así, tan suaves, tan deseadas.
Tiene sus issues, lo sé. Mira que no es perfecta, hermanita, lo sé bien. Tapa el pozo de su soledad con tanta gente que a veces termina ahogada también. Es mudable, caprichosa y vana, como escribiría Bécquer, y sin embargo, ¡es tan hermosa! No sólo porque su cuerpo podría ser un desierto en el cual podría saciar mi sed o bien, una selva en la cual perderme para aprender el lenguaje nativo de sus sinuoso caminos; es hermosa porque es suficiente mujer.
Su corazón es grande, bondadoso; traqueteado y desconfiando, sí, pero ¿quién está indemne después del parto? Aún así, su alma es buena, su espíritu es libre... aunque no tan libre para voltear a ver que me pierdo en ella.
Con todo, no me doy a la fuga.
Quizá esta vez, aunque nunca la sostenga entre mis rodillas ni le bese el hombro derecho antes de dormir de lado, quizá esta pasión que me desborda, letal y todo, sea lo más válido para sentir en estos momentos. No hablo de que la esperanza sea lo último que muere -si hablamos de morir, pido sus brazos-, hablo de la delicia de saborear su nombre...quizá ella diga el mío, quizá.
De pozas y pozos
23 de enero de 2011.
En ciertas ocasiones, hermanita, te topas de frente con Dios.
La mañana del miércoles me quede extasiada ante la belleza de la Poza Azul, ubicada en Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila. Te llevé a conocer ese lugar, ¿recuerdas?
Pobre pueblito el mío, porque aún y cuando figura en el antiquísimo Corrido de Coahuila (en ese entonces sí que había uvas) y con todo y que es una reserva natural, lugar único en el mundo y bla bla bla, el ser humano pasó a tan segundo plano que no me extrañaría que una legión de lechuguillas comandadas por una gobernadora se apoderaran del pueblo y expulsaran a los habitantes.
Reconozco la importancia de conservar un hábitat único en el mundo y soy la primera persona en levantar la mano a favor de la preservación, sin embargo, es completamente absurdo que priven los intereses privados de algunos políticos e investigadores sobre el bien público. Los cieneguenses han tenido que dejar atrás su pueblo porque, en primera instancia, les cerraron fuentes de trabajo pretextando la preservación del agua; sin embargo, el filo no corta parejo porque compañías nacionales vaya que extraen agua de los alrededores del pueblo mientras que los habitantes deben bañarse antes de las ocho de la noche, hora del corte del vital líquido.
En segunda instancia, les fregaron el turismo. Oscuros motivos bloquean la apertura de La Poza de la Becerra y Las Playitas. Es increíble pensar que funcionarios públicos -estatales y federales- desconocen el concepto de sustentabilidad. Bien podrían organizaciones no gubernamentales hacerse cargo de la vigilancia y promoción de esos lugares, a la vez que atraen turismo y por tanto, trabajo a los lugareños. Los rumores no cesan: que si Carlos Slim o los Zambrano ya compraron ejidos para desarrollar un exclusivo resort que dejaría a todos
mirando las bellezas naturales desde lejos, que es una pugna de poder entre el Estado y la Federación...
Yo sólo sé que los cieneguenses, que tanto aman a su tierra, son tratados como si no importaran. Y sí importan, sólo que al gobierno no.
En ciertas ocasiones, hermanita, te topas de frente con Dios.
La mañana del miércoles me quede extasiada ante la belleza de la Poza Azul, ubicada en Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila. Te llevé a conocer ese lugar, ¿recuerdas?
Pobre pueblito el mío, porque aún y cuando figura en el antiquísimo Corrido de Coahuila (en ese entonces sí que había uvas) y con todo y que es una reserva natural, lugar único en el mundo y bla bla bla, el ser humano pasó a tan segundo plano que no me extrañaría que una legión de lechuguillas comandadas por una gobernadora se apoderaran del pueblo y expulsaran a los habitantes.
Reconozco la importancia de conservar un hábitat único en el mundo y soy la primera persona en levantar la mano a favor de la preservación, sin embargo, es completamente absurdo que priven los intereses privados de algunos políticos e investigadores sobre el bien público. Los cieneguenses han tenido que dejar atrás su pueblo porque, en primera instancia, les cerraron fuentes de trabajo pretextando la preservación del agua; sin embargo, el filo no corta parejo porque compañías nacionales vaya que extraen agua de los alrededores del pueblo mientras que los habitantes deben bañarse antes de las ocho de la noche, hora del corte del vital líquido.
En segunda instancia, les fregaron el turismo. Oscuros motivos bloquean la apertura de La Poza de la Becerra y Las Playitas. Es increíble pensar que funcionarios públicos -estatales y federales- desconocen el concepto de sustentabilidad. Bien podrían organizaciones no gubernamentales hacerse cargo de la vigilancia y promoción de esos lugares, a la vez que atraen turismo y por tanto, trabajo a los lugareños. Los rumores no cesan: que si Carlos Slim o los Zambrano ya compraron ejidos para desarrollar un exclusivo resort que dejaría a todos
mirando las bellezas naturales desde lejos, que es una pugna de poder entre el Estado y la Federación...
Yo sólo sé que los cieneguenses, que tanto aman a su tierra, son tratados como si no importaran. Y sí importan, sólo que al gobierno no.
Domingo
16 de enero de 2011.
Hoy intento no ser queja pero me rompo, hermanita.
Mi adoptiva Monterrey y tu augusta Xalapa intercambiaron escenarios: amanecimos con llovizna, frío y neblina… a ti te tocaron los muertos. ¿Tú los ves, mujer? Dime si puedes ver como llegan las almas hasta Dios.
Domingo. Día del Señor. Día de Playoffs.
Yo confieso, ante el que pudiera toparse con estas letras, que he pecado mucho de fanatismo y afición. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa, que he sido capaz de dedicar mi tiempo a ver tres partidos seguidos de futbol americano. Que no conforme con eso, he analizado el Primetime de Deion Sanders y los blog en ESPN -eso sí, las únicas transmisiones en español que aplaudo son las de los VonRossum- Reconozco que he llorado de emoción y alegría ante el triunfo de mi equipo, aunque también he dejado que el gigante negro de la ira se apodere de mí ante una derrota. Peor todavía: me he alegrado inmensamente de la derrota de mis líderes de división y el monstruo verde de la envidia me corroe ante sus triunfos. Mis pecados son muchos. En mi defensa alegaré que reconozco siempre el error y admiro que prevalezca el respeto, porque más allá de los colores, está
siempre la esencia del juego. Soy devota del juego limpio, pero duro. He llegado hasta aquí, hasta este domingo de playoffs, con los nervios de punta y el estómago en un nudo. Que los cebras salgan iluminados, mi quarterback inspirado y mi defensiva impía. Tres victorias más y estaré en el cielo. Gracias. -
Sé que nunca comprendiste mi pasión por el futbol americano, así y todo, la compartiste conmigo. ¿Recuerdas cuando nos vimos en la Ciudad de México? Mientras las edecanes nos cercaban, tú vestías un sombrero inmenso -o algo así- y yo unos cuernos -o algo asá- cortesías de las botargas que animaban el partido en ese restaurante. Podría llenar todo este periódico de argumentos a favor de este deporte, pero no es el caso pontificar. Puedes reírte si quieres pero esos partidos me regalan un poco de esperanza.
Voltea a ver el mundo alrededor. Ahora concéntrate en esos cuatro cuartos que dura un partido de futbol americano. ¿Qué ves? Yo veo a profesionales que tienen una estrategia y la van adaptando conforme se enfrentan a la adversidad. Y se esfuerzan. Todo esto bajo el vigilante ojo de un cuerpo colegiado con ética, pero sobre todo, con oportunidad de apelación. Súmale la intensidad y multiplícalo por talento. Si nuestros políticos funcionaran así, México sería primermundista, y yo tendría más esperanza, hermanita. Por eso necesitamos más futbol americano. Para que ganen más veces los buenos y menos los malos. Para que tengamo un poquito más de fe en que los esfuerzos -de cualquier tipo- no son en vano. Nada es perfecto, pero mira que esta realidad nuestra ya no es imperfecta sino surrealista.
Ah, y no se te ocurra compararme con un aficionado del panbol, por favor. Yo sí soy capaz de reconocer cuando mi equipo se equivocó, es cuestión de deporte, verás en el soccer abunda la corrupción, por algo es del deporte nacional.
Hoy intento no ser queja pero me rompo, hermanita.
Mi adoptiva Monterrey y tu augusta Xalapa intercambiaron escenarios: amanecimos con llovizna, frío y neblina… a ti te tocaron los muertos. ¿Tú los ves, mujer? Dime si puedes ver como llegan las almas hasta Dios.
Domingo. Día del Señor. Día de Playoffs.
Yo confieso, ante el que pudiera toparse con estas letras, que he pecado mucho de fanatismo y afición. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa, que he sido capaz de dedicar mi tiempo a ver tres partidos seguidos de futbol americano. Que no conforme con eso, he analizado el Primetime de Deion Sanders y los blog en ESPN -eso sí, las únicas transmisiones en español que aplaudo son las de los VonRossum- Reconozco que he llorado de emoción y alegría ante el triunfo de mi equipo, aunque también he dejado que el gigante negro de la ira se apodere de mí ante una derrota. Peor todavía: me he alegrado inmensamente de la derrota de mis líderes de división y el monstruo verde de la envidia me corroe ante sus triunfos. Mis pecados son muchos. En mi defensa alegaré que reconozco siempre el error y admiro que prevalezca el respeto, porque más allá de los colores, está
siempre la esencia del juego. Soy devota del juego limpio, pero duro. He llegado hasta aquí, hasta este domingo de playoffs, con los nervios de punta y el estómago en un nudo. Que los cebras salgan iluminados, mi quarterback inspirado y mi defensiva impía. Tres victorias más y estaré en el cielo. Gracias. -
Sé que nunca comprendiste mi pasión por el futbol americano, así y todo, la compartiste conmigo. ¿Recuerdas cuando nos vimos en la Ciudad de México? Mientras las edecanes nos cercaban, tú vestías un sombrero inmenso -o algo así- y yo unos cuernos -o algo asá- cortesías de las botargas que animaban el partido en ese restaurante. Podría llenar todo este periódico de argumentos a favor de este deporte, pero no es el caso pontificar. Puedes reírte si quieres pero esos partidos me regalan un poco de esperanza.
Voltea a ver el mundo alrededor. Ahora concéntrate en esos cuatro cuartos que dura un partido de futbol americano. ¿Qué ves? Yo veo a profesionales que tienen una estrategia y la van adaptando conforme se enfrentan a la adversidad. Y se esfuerzan. Todo esto bajo el vigilante ojo de un cuerpo colegiado con ética, pero sobre todo, con oportunidad de apelación. Súmale la intensidad y multiplícalo por talento. Si nuestros políticos funcionaran así, México sería primermundista, y yo tendría más esperanza, hermanita. Por eso necesitamos más futbol americano. Para que ganen más veces los buenos y menos los malos. Para que tengamo un poquito más de fe en que los esfuerzos -de cualquier tipo- no son en vano. Nada es perfecto, pero mira que esta realidad nuestra ya no es imperfecta sino surrealista.
Ah, y no se te ocurra compararme con un aficionado del panbol, por favor. Yo sí soy capaz de reconocer cuando mi equipo se equivocó, es cuestión de deporte, verás en el soccer abunda la corrupción, por algo es del deporte nacional.
Del postre y la falta de salsa
9 de enero de 2011.
Análisis de los daños: no hubo salsa de elote.
Fuera de eso no puedo quejarme, hermanita. Sobreviví las fiestas decembrinas y este inicio de año sin asesinar a nadie. Tú lo viviste conmigo y recordarás que medio centenar de personas y personitas reunidas en casa de la abuela para la cena de Año Nuevo puede ser un atentado perfecto para mi precaria paciencia.
Pero a pesar de la presencia de la tía gandalla, el primo borracho y los niños malportados, debo admitir que me encanta mi familia, lo cual es muy positivo, lo sé, porque era de aclimatarse o aclifregarse y aunque los que estudian el alma digan lo contrario, yo sigo creyendo que no puedes elegir familia y, con todo, agradezco infinitamente a Dios que
me haya colocado entre los amorosos brazos de mis padres y bajo la tutela vigilante y complaciente del resto de los consanguíneos.
El caso es que pude abrazar a todos sin rencores. A uno los abracé más fuerte que otros, claro, pero igual, no pasa nada. No entiendo porque insiste el mundo en que debemos ser todos hermanos y querernos unos a otros. Eso es francamente imposible, con respetarnos basta y sobra. Pero que el hombre deje de querer meterse en los asuntos del prójimo para imponerse es, tristemente, una utopía.
En fin, aterrizando el resumen de las fiestas, ¿puedes creer que el responsable de hacer el postre se fue a visitar a su hijo pasaporteado y nos dejó sin deliciosa ensalada de manzana?
Afortunadamente nos dimos cuenta a tiempo y pudimos ir por cinco kilos de fruta, botes y botes de crema, piña y nuez para saciar nuestro antojo. Respecto a la salsa de elote nada pudimos hacer. Habrá mejores tiempos, lo sé.
Sabes que fuí a Misa el día último. Sé que me viste llorar como magdalena cuando el padre hablaba y hablaba de lo que perdimos. Yo no dejaba de pensar en tu madre, que te perdió
a ti. Sé que sabes, mujer, sé que sabes, todo lo que se te extraña. Y bueno, ya va más de una semana de este nuevo año. Ya voy vaciando algunas cajas. El mundo no se ha arreglado, pero estoy viendo la manera de aclimatarme, para no aclifregarme yo solita. Te quiero.
Análisis de los daños: no hubo salsa de elote.
Fuera de eso no puedo quejarme, hermanita. Sobreviví las fiestas decembrinas y este inicio de año sin asesinar a nadie. Tú lo viviste conmigo y recordarás que medio centenar de personas y personitas reunidas en casa de la abuela para la cena de Año Nuevo puede ser un atentado perfecto para mi precaria paciencia.
Pero a pesar de la presencia de la tía gandalla, el primo borracho y los niños malportados, debo admitir que me encanta mi familia, lo cual es muy positivo, lo sé, porque era de aclimatarse o aclifregarse y aunque los que estudian el alma digan lo contrario, yo sigo creyendo que no puedes elegir familia y, con todo, agradezco infinitamente a Dios que
me haya colocado entre los amorosos brazos de mis padres y bajo la tutela vigilante y complaciente del resto de los consanguíneos.
El caso es que pude abrazar a todos sin rencores. A uno los abracé más fuerte que otros, claro, pero igual, no pasa nada. No entiendo porque insiste el mundo en que debemos ser todos hermanos y querernos unos a otros. Eso es francamente imposible, con respetarnos basta y sobra. Pero que el hombre deje de querer meterse en los asuntos del prójimo para imponerse es, tristemente, una utopía.
En fin, aterrizando el resumen de las fiestas, ¿puedes creer que el responsable de hacer el postre se fue a visitar a su hijo pasaporteado y nos dejó sin deliciosa ensalada de manzana?
Afortunadamente nos dimos cuenta a tiempo y pudimos ir por cinco kilos de fruta, botes y botes de crema, piña y nuez para saciar nuestro antojo. Respecto a la salsa de elote nada pudimos hacer. Habrá mejores tiempos, lo sé.
Sabes que fuí a Misa el día último. Sé que me viste llorar como magdalena cuando el padre hablaba y hablaba de lo que perdimos. Yo no dejaba de pensar en tu madre, que te perdió
a ti. Sé que sabes, mujer, sé que sabes, todo lo que se te extraña. Y bueno, ya va más de una semana de este nuevo año. Ya voy vaciando algunas cajas. El mundo no se ha arreglado, pero estoy viendo la manera de aclimatarme, para no aclifregarme yo solita. Te quiero.
Iniciando este 2011
2 de enero de 2011.
¿Te cuento algo, hermanita?
Muero por ella.
Y no debería, tú sabes que no debería, pero por Dios que mi sangre salta al verla. No en
un sentido literal, por supuesto, pero más allá del hipotálamo que me reduce a un simple mortal -porque soy Belphegor, recuerda- he de admitir que al ver su sonrisa de
duende retrocedo una decena de años y vuelvo a sentir murciélagos en la boca del estómago. Murciélagos que morirán de inanición porque no me atrevo a acercarme lo suficiente para morderle el cuello -ni ninguna otra parte de su largo y blanco y
seguramente delicioso cuerpo-. Quizá algún día ella voltee y observe detenidamente el lunar que se me escurre de la boca. Entonces seremos dos.
Mientras tanto, vuelvo a mis asuntos terrenales.
Hablábamos antes de Calamaro, Andrés. Ya tu hermana me había advertido que Javier era tu nuevo amor, pero a él lo dejaremos en paz hoy. Volviendo al otro: su música es
aceptablemente buena sin ser excepcional: clásicos riffs de guitarra, el rocanrol básico de herencia estadounidense. Nada experimental, nada propositivo, nada vanguardista. Vaya,
nada fuera de serie, bueno a secas. Sus letras… mira, mujer, que alguna de sus letras llegan a parecerme realmente buenas, más allá de lo digno. Sin embargo sus repeticiones llegan a
cansarme. Además, ya está bastante grandecito como para ufanarse de sus borracheras, ¿no crees? (aunque ahora que lo pienso, la mayoría de la gente que conozco sigue presumiendo
sus parrandas; yo prefiero vivirlas y por lo general, evito contarlas) Y para rematar: el tipo es un aficionado a los toros y un tuitero egocéntrico. Resumiendo: el tipo si me gusta, pero
en ciertas dosis. He disfrutado sus conciertos pero no me han hecho delirar. Yo espero que hayas disfrutado tu momento, vi tu fotografìa sonriendo. Esa es una de las imágenes
que me cobijan cuando -como ahora hablo contigo.
Dejando atrás a tu amado Calamaro, mira que ya empezó el dos mil once. Es hora de que los mexicanos hagan interminables filas afuera de las casas de empeño, mientras se consuelan diciéndole al de al lado: “¿lo bailado quién nos lo quita?”. Supongo que nunca se les ha ocurrido organizarse de diferente manera y posponer el baile para evitar
gastar dinero que no se tiene. Pero bueno, cada quién vive como mejor puede, o como mejor sabe.
Lo que yo sé es que he decidido disfrutar más la vida y quejarme menos, sobre todo de lo que no puedo cambiar. Debí hacer caso a esa vieja oración hace mucho. Veré menos noticias. El mundo sigue girando me entere o no del cinismo de nuestros funcionarios públicos. No quiero hacer corajes en vano. Viajaré más y compraré menos. Vaciaré la veintena de cajas que tengo y si se puede, la memoria también. No hace bien guardar rencor, aunque no me llegó el instructivo para resetear la memoria.
En fin, que ya es dos mil once y tengo planes de vivir este año de manera memorable. Acompañada de ti, hermanita. Sonríe desde arriba y brinda conmigo.
La última del año
26 de diciembre de 2020.
“Estoy cansado de buscar, algun lugar encontrare, estoy malherido, estuve sin saber que hacer, en algun lugar..." Andrés Calamaro
A veces me maravilla la manera en que los seres humanos somos presa fácil de nuestra propia concepción del tiempo. Cada cumpleaños, cada fin de año, de trienio o de milenio, es un pretexto para reflexionar. ¡Bah! Tan barato no puede salir, de verdad.
Por eso la lista de Propósitos de Año Nuevo se parece mucho a las promesas de campaña de los políticos: se repiten una y otra vez, con nulos resultados. No conozco a nadie que a
mitad de febrero recuerde qué fue lo que reflexionó mes y medio antes. Sin embargo aquí estamos todos en los últimos día de diciembre, haciendo un balance de ganancias y pérdidas mientras nos preocupamos por nuestra vida ingiriendo grandes cantidades
de comida y quejándonos porque hemos aumentado de peso (rara especie que somos, insisto).
En lo personal este año casi quedé en quiebra, mujer. Este año, te perdimos de planeta. Sé que ya encontraste un lugar dónde estar más cómoda que aquí y supongo que esa creencia nos tranquiliza a todos, aunque igual no te resucita.
No he dejado de recordar que pasaste estas fecha en compañía de mi familia materna -de toda ellahace ya unos años. No cualquiera está invitado a pasar el Año Nuevo con nosotros y tú lo sabías. Estuviste contenta de estar entre media centena de gentes, unidos por el apellido y memorias en común. Mi familia más cercana estaba contenta de tu presencia,
porque eras y eres parte de nosotros. Y ahora, pues... ahora no estás.
Me es difícil hacer un resumen anual más allá de tu partida, hermanita. Es increíble como las cosas que de repente parecen importantísimas se estrellan ante la impotencia de algo
como la muerte. Eso sí que es irreversible.
Y me deja muda, impotente, inútil, inmóvil, perpleja. De repente, todo se acomodó de diferente manera y ya pocas cosas son relevantes; el resto tiene su medida y peso justos.
Eso es parte de tu herencia, mija, que nos dejaste a muchos. Ahora no dejamos pasar más tiempo en tomar el teléfono y hacer esa llamada para saber cómo están. Utilizamos la tecnología para acercarnos y no para evadirnos. Tenemos muy presente que los momentos son los que cuentan, quizá porque lamentamos tanto no haber pasado más tiempo contigo,
aunque supongo que nunca sería suficiente.
En fin, mujer, que ya encontraste un lugar para la paz. ¿Si tienes suficiente la compartirías por favor? Hace falta mucho de eso aquí abajo.
Sigo sin entender el mundo, pero quizá -solo quizá- estoy dispuesta a vivirlo sin quejarme tanto (Favor de notar el tanto, no quiero reproches de tu parte).
Un último apunte: tengo ciertas reticencias sobre la música y letra de tu Andrés Calamaro. Me hubiera gustado discutirlas contigo, ahora sólo me queda este soliloquio. Lo
prepararé bien para después. Te mando muchos abrazos. No bebas mucha lluvia ácida en Nochevieja. Te queremos todos, salud.
“Estoy cansado de buscar, algun lugar encontrare, estoy malherido, estuve sin saber que hacer, en algun lugar..." Andrés Calamaro
A veces me maravilla la manera en que los seres humanos somos presa fácil de nuestra propia concepción del tiempo. Cada cumpleaños, cada fin de año, de trienio o de milenio, es un pretexto para reflexionar. ¡Bah! Tan barato no puede salir, de verdad.
Por eso la lista de Propósitos de Año Nuevo se parece mucho a las promesas de campaña de los políticos: se repiten una y otra vez, con nulos resultados. No conozco a nadie que a
mitad de febrero recuerde qué fue lo que reflexionó mes y medio antes. Sin embargo aquí estamos todos en los últimos día de diciembre, haciendo un balance de ganancias y pérdidas mientras nos preocupamos por nuestra vida ingiriendo grandes cantidades
de comida y quejándonos porque hemos aumentado de peso (rara especie que somos, insisto).
En lo personal este año casi quedé en quiebra, mujer. Este año, te perdimos de planeta. Sé que ya encontraste un lugar dónde estar más cómoda que aquí y supongo que esa creencia nos tranquiliza a todos, aunque igual no te resucita.
No he dejado de recordar que pasaste estas fecha en compañía de mi familia materna -de toda ellahace ya unos años. No cualquiera está invitado a pasar el Año Nuevo con nosotros y tú lo sabías. Estuviste contenta de estar entre media centena de gentes, unidos por el apellido y memorias en común. Mi familia más cercana estaba contenta de tu presencia,
porque eras y eres parte de nosotros. Y ahora, pues... ahora no estás.
Me es difícil hacer un resumen anual más allá de tu partida, hermanita. Es increíble como las cosas que de repente parecen importantísimas se estrellan ante la impotencia de algo
como la muerte. Eso sí que es irreversible.
Y me deja muda, impotente, inútil, inmóvil, perpleja. De repente, todo se acomodó de diferente manera y ya pocas cosas son relevantes; el resto tiene su medida y peso justos.
Eso es parte de tu herencia, mija, que nos dejaste a muchos. Ahora no dejamos pasar más tiempo en tomar el teléfono y hacer esa llamada para saber cómo están. Utilizamos la tecnología para acercarnos y no para evadirnos. Tenemos muy presente que los momentos son los que cuentan, quizá porque lamentamos tanto no haber pasado más tiempo contigo,
aunque supongo que nunca sería suficiente.
En fin, mujer, que ya encontraste un lugar para la paz. ¿Si tienes suficiente la compartirías por favor? Hace falta mucho de eso aquí abajo.
Sigo sin entender el mundo, pero quizá -solo quizá- estoy dispuesta a vivirlo sin quejarme tanto (Favor de notar el tanto, no quiero reproches de tu parte).
Un último apunte: tengo ciertas reticencias sobre la música y letra de tu Andrés Calamaro. Me hubiera gustado discutirlas contigo, ahora sólo me queda este soliloquio. Lo
prepararé bien para después. Te mando muchos abrazos. No bebas mucha lluvia ácida en Nochevieja. Te queremos todos, salud.
Navidad
19 de diciembre de 2010.
¿Te acuerdas que los primeros años que cambié de residencia siempre nos hablábamos por estas fechas? Ya después se inventaron los teléfonos móviles, y entonces unos mensajitos
bastaban. Es increíble cómo permitimos que la tecnología nos vuelva más flojos. Hubiera dado mucho por desearte felices fiestas este año.
Viene Navidad, mujer, y yo no sé qué tal te la estés pasando allá arriba.
Quizá también están corriendo de un lado a otro para alguna razón, aunque no creo que el cielo esté plagado de consumismo exasperante.
¿Hay algo menos cristiano que empujar al de adelante porque tienes prisa de envolver tus regalos? Hoy vi como el conductor de un auto conscientemente se metía en contra del
sentido de la vialidad, manejando como un verdadero cavernícola -sin nociones de la rueda- arriesgando a otros vehículos y peatones, sólo por agandallar un lugar para estacionarse. Dudo mucho que los ángeles se peleen las mejores nubes.
Viene Navidad y yo no le encuentro mucho sentido a emborracharse en nombre de Dios o de quién sea. Pocas veces he necesitado pretextos para hacer lo que quiero, tú bien
sabes. Y tampoco tengo las más mínimas ganas de caer en la hipocresía de decir que seré buena este año, estoy convencida que aunque me esfuerce, no seré buena nunca. Padezco de ser humana y poco puedo hacer contra eso. Además, mis demonios me dan bastante trabajo como para ocuparme maliciosamente del resto de la gente. No voy por ahí fingiendo una simpatía que no siento, ni tampoco tengo por qué soportar las presunciones de aquellos que creen saberlo todo. Yo muy apenas se usar el alfabeto y leer en consecuencia. Algo sé de escribir y te escribo a ti, para que me escuches y me salves,
porque viene Navidad y tú no vas a estar. No vas a estar ni para mí, ni para tus padres, ni para tu hermana…
Viene Navidad y no vas a estar para ellos.
Más bien, viene Navidad y no te vamos a ver, porque de estar, siempre estás.
Y desde dónde estés, envía por favor consuelo a los tuyos. Baja si puedes a comer algo de pan de caja. Tápale los pies a tu madre. Descánsale los lentes a tu padre. Cuida el sueño de tu hermana o acompáñale su insomnio, como prefieras. Sé buena -tú siempre has
tenido el corazón de una mujer buena- y haz algo de eso.
Y ya que andas por acá, acompañando a Santa, a los Reyes, al Niño Jesús, o a quien su mercé se digne acompañar, quédate un poco conmigo. Siempre que nos despedíamos me
decías: “¡Con juicio!”. Admonición que recordabas de tu sacrosanta y que me repetías cada vez que podías. Yo debia entonces actuar con juicio, aunque las dos sabemos que casi
nunca pude. Se me cae el mundo. Quédate conmigo y explícame de algún modo -¡del que quieras!- que estar aquí, en esta ciudad donde abundan las balas y los coches, donde matan a activistas y liberan a asesinos, donde ser lambiscón es mejor que ser honrado, dime que
vale la pena, que tiene algún sentido quedarse, aferrarse, luchar... vivir.
Dile a Dios que gracias por todo lo bueno. Feliz Navidad para ti. Te quiero.
Carta segunda
12 de diciembre de 2010.
Anoche soñé contigo.
No lo tengo muy claro -como todo en mi vida ahora- pero sé que había mucha paz en la que supuestamente era tu casa. Traías un suéter morado y el cabello suelto. Estabas frente a míy hablábamos sobre tu muerte.
No lo tengo muy claro -como todo en mi vida ahora- pero sé que había mucha paz en la que supuestamente era tu casa. Traías un suéter morado y el cabello suelto. Estabas frente a míy hablábamos sobre tu muerte.
Había más gente haciendo cosas propias de un velorio, pero tú y yo platicábamos. Reías de lo más tranquila y feliz, diciéndome algo de la conjugación de un verbo. Yo sentía mucha tristeza, infinita; pero también una tranquilidad casi anestésica.
Ya sé que en estos momentos me preguntarás si te rodeaba un aura extraña o exhalabas vaho tétrico. Búrlate si quieres, no había nada tenebroso en tu figura. De repente, veía a tu hermana y a tu madre, ocupadas en la cocina. Tristes. Aunque no sé si tanto como lo están ahora.
¿Sabes que a veces me siento muy egoísta por dolerme por ti? Es que a veces pienso en el dolor de tus padres, de tu hermana, y me siento tan avergonzada de ser débil. Si yo, que te quiero desde hace tantos años, tengo un hueco inmenso, ¿qué será de ellos, que tienen ahora un corazón en el hueco? Confío en que pronto puedan respirar sin sentir que se parten en dos por tu ausencia. No dejo de estar al pendiente de ellos, aunque para fines prácticos, de poco o nada sirve eso.
No dejo de pensarte. Y bueno, le prometí a tu madre que rezaría por ti así que ahora por tu culpa no huyo de los rosarios de mi familia, ya sabes que ahí abundan: “...ruega por ella y por nosotros los pecadores...” Huelga decir que ocupas el lugar de la tercera persona en singular. Y como realmente no sé qué tanta influencia tenga yo para eso y porque más vale prevenir que mal rezar, puse a mi abuelita y a mi dulce progenitora a orar en tu nombre, ellas sin duda son escuchadas. Así que por rezos no paras, mija, aunque dudo que los necesites. Las almas buenas como tú están ahorita colgadas de una nube.
Y mientras le discutes a San Pedro el por qué las aureolas no van en distintos colores que combinen con unas alas decorativas -los ángeles no llevan zapatos ni bolsa, así que no tendrás que preocuparte más por eso- te cuento que aquí en este mi pedacito rentado de tierra las cosas no están muy bien que digamos.
El hecho de perderte me hizo poner muchas cosas en perspectiva.
El hecho de perderte me hizo poner muchas cosas en perspectiva.
Hay cosas que antes eran inmensamente importantes y hoy ni siquiera figuran. Sin embargo, tomar decisiones no es fácil y llevarlas a cabo es más difícil aun. Es increíble como los seres humanos lo complicamos todo, ¿no? Tengo miedo de hacer las cosas por las razones equivocadas y por otra parte no puedo seguir en este lamentable estado de soledad acompañada. ¿Hay acaso algo más triste que eso en una vida de pareja?
En fin, mi estimada, debo dejarte ya. Se me acorta el espacio, pero nunca el cariño. Te extraño mucho. Sé que llegaste a enfrentarte con la impotencia, así que no necesito explicarte cómo se siente no poder hacer nada por escuchar tu voz nuevamente. No debiste morir, mija. Pero ¿quién soy yo para ponerme a pelear al respecto?
Desde la nube que cuelgas, cuídanos a todos, que todos necesitamos tanto de ti. Se viene Navidad. Precisamos un milagro más. Te lo dejo de tarea.
Carta primera
5 de diciembre de 2010.
Más te vale que me leas, ¿eh? Digo, después de todo, tienes tiempo, ¿no es así?. Bien, veamos. Es algo incómodo contarle cosas a los omnipresentes, así que más que una narración de lo que ya viste, te fletarás mi versión de la cosas... aunque pensándolo bien, no es un asunto ajeno. ¿acaso los seres humanos no hacemos eso toda la vida? Contar nuestras versiones. Por eso hay dos o tres o cuatro Méxicos, porque cada partido político cuenta su versión mientras los ciudadanos nos fletamos la realidad.
Pero bueno, me estoy desviando del tema. Antes que todo, debería reclamarte. Pero ya puedo imaginarte diciéndome que no estás lista para ello. Y bueno, lo comprendo. La verdad, yo no estoy lista para reclamarte tampoco. Todavía estoy estremecida. ¿Sabes que la última vez que tomé un avión te vi? Y bueno, esta última vez también me subí a un avión también para verte, a ti, a los tuyos. Para verme a mí diciéndote adiós. Y mira, mija, que no me gusta viajar en avión, uno llega demasiado rápido a su destino. Pero en fin, no voy a quejarmedel viaje.
Pero bueno, me estoy desviando del tema. Antes que todo, debería reclamarte. Pero ya puedo imaginarte diciéndome que no estás lista para ello. Y bueno, lo comprendo. La verdad, yo no estoy lista para reclamarte tampoco. Todavía estoy estremecida. ¿Sabes que la última vez que tomé un avión te vi? Y bueno, esta última vez también me subí a un avión también para verte, a ti, a los tuyos. Para verme a mí diciéndote adiós. Y mira, mija, que no me gusta viajar en avión, uno llega demasiado rápido a su destino. Pero en fin, no voy a quejarmedel viaje.
Eso sí, ¡qué detalle el tuyo ese de la luz, hermanita! ¡Más decimonónico no pudo haber sido! En la misa, en tu casa. Todos sentimos tu presencia, rodeada de copal, flores y rezos que parecían no terminar. Como quiera, así y todo, tu hermana y yo -imagino que tus papás, tíos, primos y demás concurrencia- esperábamos verte salir del cuarto. Pero sólo teníamos tu fotografía y tus recuerdos. Ay mija, qué querida eres. Sé que desde arriba lo ves y sonríes. Y te esfuerzas por enviar paz a los tuyos, de una u otra manera.
Los tamales que dieron estaban riquísimos, no puedes quejarte. Tu familia cumplió con todo el rito. Si hubiera tenido agallas, te hubiera cantado La Sandunga, mana, pero la verdad, no me atreví. No sé si lo hubieran entendido, nadie estaba para bromas.
¿Puedes creer que fueron a tu casa los directores de la escuela a la que fuímos de niñas? Uta, no lo creía. Esos dos nos van a sobrevivir, caray. Y claro, todas las maestras estaban ahí, al pie de tu cruz. Me queda claro que puedes ver ahora -como Dios- el fondo de los corazones. Aunque pensándolo bien, espero que no lo veas todo, no te vayas a asustar, mira que algunos seres humanos no tenemos el alma tan limpia. Pero bueno, el caso es que yo sé que te das cuenta del duelo de todos los que te quieren,aquí, allá, acullá. Eres una mujer muy afortunada, ¿viste? Ese toque argentino no te lo podía negar. Me encantaba tu arremedado.
Los tamales que dieron estaban riquísimos, no puedes quejarte. Tu familia cumplió con todo el rito. Si hubiera tenido agallas, te hubiera cantado La Sandunga, mana, pero la verdad, no me atreví. No sé si lo hubieran entendido, nadie estaba para bromas.
¿Puedes creer que fueron a tu casa los directores de la escuela a la que fuímos de niñas? Uta, no lo creía. Esos dos nos van a sobrevivir, caray. Y claro, todas las maestras estaban ahí, al pie de tu cruz. Me queda claro que puedes ver ahora -como Dios- el fondo de los corazones. Aunque pensándolo bien, espero que no lo veas todo, no te vayas a asustar, mira que algunos seres humanos no tenemos el alma tan limpia. Pero bueno, el caso es que yo sé que te das cuenta del duelo de todos los que te quieren,aquí, allá, acullá. Eres una mujer muy afortunada, ¿viste? Ese toque argentino no te lo podía negar. Me encantaba tu arremedado.
Oye, que no dejaste la receta de la paella, me dijo tu hermana. ¿Qué te crees, mujer? ¡Encima te das esos lujos! Le propuse contactar a una médium para hacernos de los detalles, ¿cómo ves? Ya sé que suena estúpido, pero mira, la hice sonreír. Lo necesita. Está muy triste, la dejaste muy solita. Tus padres están tan rotos, chamaca, tan rotos. Confío en que encontrarán paz. Échales una mano. Ayúdanos a todos. Yo me estoy divorciando y parece que desfallezco. Es cansado, tan cansado. Pero mira, que te tengo a ti cuidándome, así que no está nada mal, ¿no?
Un abrazo, mija. Te escribo pronto.
Un abrazo, mija. Te escribo pronto.
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