31.1.11

Tragándome mis palabras

Cuando escuchaba a mis amig@s quejarse de la patética vida de pareja que enfrentaban al lado de un hombre o de una mujer infiel, insensible y un largo etcétera, siempre les espetaba el clásico: "¿qué te falta? ¿qué te falta para moverte de su lado si ya estás hart@?" Ell@s me contestaban que no era tan fácil, que había mucho amor o muchos hijos o cuentas por pagar y así.      Siempre pensé que no eran razones lo suficientemente válidas como para quedarse a ver pasar la vida al lado de alguien con quien alguna vez fueron felices.
Sin embargo, esta madrugada que regreso a casa -la casa de la que me fui en la tarde dando un portazo y peleando con mi mujer- y veo a mi esposa como si nada, quitadísima de la pena, fingiendo que no peleamos antes -o como ella dice, no dándlo importancia a lo que no la tiene (y me ahorro las comillas)- no puedo más que tratar de responder a la pregunta que mis amig@s me repiten: "¿que me falta? ¿qué me falta para moverme de su lado?".
En primera instancia, debo decir, ante todo, que hasta donde yo sé, mi esposa no me ha sido infiel en estos tres años y medio de un concubinato que solía ser feliz.
Como ya lo he explicado, desde el 21 de noviembre cargamos problemas -o bueno, yo los cargo porque ella no los admite siquiera- que no se han resuelto. Y mientras ella ya tiró el lastre -como medida que le favorece, puesto que así evita reconocer sus errores y disculparse- yo sigo cargando ese dolor como grillete.
Así y todo, por más que sus tres semanas de silencio ciego ante mis lágrimas me sepan más dolorosas que unos cuernos (vaya, que preferiría que me hubiera sido infiel, al menos sabría como lidiar con eso en lugar de luchar contra el horribilísimo sentimiento de invisibilidad que padezco) con todo, no me es suficiente motivo para moverme.
Sé que suena cursi -cursísimo- pero la amo. La amo con todo y que en estos momentos me duela amarla.
También sé que el amor nunca es suficiente; es necesario añadir paciencia, comprensión, perdón y otras cosas. En estos momentos esta relación está pendiente del hilo del amor y cada vez se va haciendo más delgado.
Pero los años son los años. Su familia, sus amigos, sus frases, su sonrisa, sus ojos, su olor, sus manías. Todo se va a convertir en indispensable si me alejo. Además no quiero empacar, no quiero, me niego, no. Cansadísima estoy, agotada. No puedo dividir el menaje de casa. Ni pensar en separarme de mi hija.
Y con todo, con todo y que no puedo pensar en alejarme, no puedo dejar de llorar al escuchar esta cursi canción:

1 comentario:

  1. Cada quien tiene sus tiempos, aunque se caiga en lo trillado, sólo tú sabrás si dejarla o quedarte. Darse de latigazos con las palabras trilladas no es bueno, no es lógico....y darse la oportunidad tampoco está de más

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