1.2.11

¿Soy yo?

Ahora todo es más complicado.
Una amiga cercana me vio convivir con mi esposa y en  un momento prudente me hizo notar que mi paciencia era nula. "No me extraña que tu mujer te saque la vuelta si tú la tratas de esa manera".
Entonces me di cuenta que quiza -sólo quizá- mi frialdad contribuía a su falta de interés.
Y mientras más meditaba en ello, más dudaba de mi misma: "¿Realmente mi mujer no tiene interés en mi o soy yo la que no tiene ya interés en ella?" Sentí pánico.
Las cosas no mejoraron al llegar a casa.
Platicamos mientras hacíamos la cena. Después ella me pidió que habláramos, que lo intentáramos. "Ya traté de estar a mi manera, tú no cedes. No quiero seguir cargando noviembre el resto de la vida".
Traté de hacerle ver mi punto de vista, sin éxito.
Ella insiste en que fue desobedecida.
Y me largué del cuarto.
Pero ella lloraba tanto que los hijos vinieron a avisarme. Subí y la calmé. Ella lloró mucho, mucho. Me dijo que me amaba y que le bastaba con que yo la quisiera. Que teme haber perdido mi amor y que está dispuesta a hacer lo que sea, pero se quiebra, se estrella ante el caparazón que me envuelve.
Y yo estoy perpleja y sin canciones que cantar.